El vuelo iba para Lima. Pasaba por Quito. Era un vuelo en el cuál el destino final de cada uno podía ser muy diferente. En cada parada cada uno podía conectarse al lugar que fuera. Sin embargo al lado izquierdo de él iba uno de los primos de Leonel. No podía tener más pinta de colombiano, aunque en Salvador prefería hacerse pasar por español. Era la manera más sencilla que había encontrado para evitarse muchas veces el mismo comentario. La conversación inicio desprevenidamente y de repente, como todas las conversaciones en ese tipo de circunstancias. El primo de Leonel le comenzó a hablar. Le contó varias anécdotas y le hizo el viaje más ameno, más colombiano hijueputa, como si fueran en un Bolivariano. Le advirtió que no iba a entender ni mierda, que si había estudiado portugués prácticamente había perdido la platica.
Cuando llegaron a Lima ya eran parceros de viaje. Pero la desconfianza normal de quién era ese y para que iba a Salvador siempre estaban en su mente. Al menos ya sabía que el primo de Leonel le iba a ayudar con los datos de inmigración; teléfono y dirección, pues era información que él no tenía. Que sabía que necesitaba desde antes de salir pero para él eso ya era responsabilidad del universo, del ángel de la guardia o hasta de la policía federal si no lo querían dejar pasar por no saber para donde iba. Lo más urgente estaba resuelto. Ya sabía también que en el peor de los casos, que era posible, porque el mundo de las posibilidades todo es posible, que nadie lo fuera a buscar al aeropuerto tenía a quien pedirle posada. Eso lo tranquilizaba. Que se la fueran a dar era otra cosa pero en eso no pensaba.
Después de esperar un rato en Lima tomaron el vuelo a Sao Paulo. Ya no iban más juntos. El avión estaba repleto de Made in China. Volaron la noche y llegaron de madrugada. Entró sin problemas al país y vio por última vez al primo de Leonel que se perdió en el Guarulhos.